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Día Mundial de los Cuidados Paliativos, 12 de octubre

La utilización de la simulación clínica es fundamental para el aprendizaje de competencias “no técnicas” como la empatía, la inteligencia emocional, o la escucha activa.

La comunicación de malas noticias tiene un alto componente de aprendizaje

En el Día Mundial de los Cuidados Paliativos que se celebra el 12 de octubre, Antonio Ramos, profesor de Enfermería y director del Máster en Cuidados Paliativos de la Escuela de Enfermería “San Juan de Dios”-Comillas, resalta que “los cuidados paliativos están reconocidos como un derecho y, por lo tanto, deben ser aplicables a todo paciente que lo necesite, independientemente de la etiología de la enfermedad”. Pero la realidad no siempre lo cumple ya que “la dificultad de poder establecer un pronóstico preciso, hace que la atención paliativa al paciente no oncológico sea desigual”.

Desde su experiencia, los cuidados paliativos se muestran necesarios y eficaces en la atención del paciente con insuficiencias orgánicas o con afectación neurológica, especialmente si ésta es de carácter degenerativo. “La familia que cuida de un paciente con enfermedad “de órgano” o neurológica, suele recurrir con menos frecuencia a ayuda externa. Junto con el paciente establecen una meticulosa rutina que en ocasiones choca con la rigidez, por ejemplo, de las unidades de hospitalización. Son menos proclives a establecer lazos de confianza con el equipo terapéutico, lo que hace que no sean capaces de desconectar del todo, limitando la disminución de la sobrecarga.”

“La integración de los cuidados paliativos desde el momento del diagnóstico en conjunción con otras terapias encaminadas a retrasar la progresión de la enfermedad contribuye a mejorar el control sintomático y, en gran medida, a mejorar la satisfacción en la percepción del cuidado recibido tanto en pacientes como en familiares”, afirma Ramos.

Cuidado integral, incluido el emocional

Desde el punto de vista del profesional, el modelo de atención paliativa permite el desarrollo de su disciplina en toda su plenitud. “Basado en el cuidado y desde una perspectiva de trabajo interdisciplinar, permite atender las necesidades de paciente y familia de una manera integral, teniendo en cuenta todas las esferas de la persona. Facilita el acompañamiento de paciente y familia a lo largo de todo el proceso, utilizando herramientas como el soporte emocional, la comunicación o el control sintomático”. 

Ésta es una de las razones que hace que la formación en competencias “no técnicas”, sea un valor imprescindible del profesional de cuidados paliativos, independientemente su especialidad.

Desde la Escuela de Enfermería “San Juan de Dios”, se utiliza la simulación clínica ”como una innovadora herramienta docente en la formación de cuidados paliativos ya que esta, puede ir introduciendo al profesional que cursa este posgrado en situaciones “cuasi-reales” para adaptarlo al entorno real, para de esta manera que puedan contar con más competencias a la hora de  trabajar en situaciones habituales del cuidado paliativo o de estrés emocional”, señala David Fernández Ayuso, profesor de Enfermería y coordinador docente del Centro de Simulación Interprofesional y de Investigación en Ciencias en la Salud de la Escuela de Enfermería “San Juan de Dios”-Comillas.

A través de esta metodología docente de la simulación clínica se trabajan competencias no técnicas como la comunicación, la escucha, la empatía, la autoestima, las emociones, la inteligencia emocional, etc., de gran importancia también en el paciente no oncológico. Actitudes no siempre visibles a los demás pero de gran valor para el paciente y su familia.

Como señala Fernández Ayuso, “la comunicación de malas noticias tiene un importante componente de aprendizaje, metodología, autoconocimiento, experiencia, conciencia situacional, además de actitudes personales”. En el laboratorio de simulación se recrean la situaciones y entornos que el profesional puede encontrarse en el desarrollo de su labor de forma controlada, y rigurosa. 

Reconoce el director del máster, Antonio Ramos, que los profesionales sanitarios tienen una muy buena formación técnica pero carecen del manejo de aspectos psicológicos y de soporte emocional “cuyo dominio es fundamental para poder acompañar a pacientes y familia en el final de la vida”.

“En definitiva, de lo que se trata es de hacer que el tiempo que les quede a los pacientes, independientemente de cual sea la causa de su proceso, no se convierta en una inexorable espera de la muerte, sino que sea tiempo de vida”, concluye Ramos.

Teniendo como objeto de cuidado el binomio que forman ambos, los cuidados paliativos son capaces de prestar esos cuidados integrales desde la individualidad; entendiendo que cada paciente y familia son únicos. Traen consigo una biografía propia que debe ser tenida en cuenta. Desde la continuidad; no sólo entre los diferentes miembros que componen el equipo que acompaña al paciente durante el proceso en cada momento, sino también entre los distintos niveles asistenciales por los que paciente y familia transitarán en esta última etapa de la vida. Sin contradicciones. Todos bajo un mismo objetivo. Desde la flexibilidad; siendo conscientes de que paciente y familia están sujetos a cambios a los que el equipo debe adaptarse. Ellos son quienes imponen su ritmo y marcan la pauta a seguir, mientras que el equipo debe ser facilitador ante los numerosos procesos de adaptación a los que se enfrentan a causa de las pérdidas progresivas. Desde la accesibilidad; ante las necesidades continuas y cambiantes debemos hacerles ver que pueden contar con nuestro soporte en cualquier momento. Y por último, desde la polivalencia; trabajar en equipo implica conocer la labor de los demás compañeros y en muchas ocasiones complementarla.

Pacientes y familias esperan de los profesionales de los cuidados paliativos, quizá de manera inconsciente, una actitud de acogida desde donde crear ese espacio de confianza tan necesario para que fluya una comunicación honesta. Que dejemos a un lado nuestros miedos y preocupaciones haciéndoles ver que entendemos el sufrimiento que padecen y que no les vamos a dejar solos en este último viaje. Una tarea nada fácil, pero que se puede conseguir desde la madurez y el equilibrio personal, la capacidad de adaptación o de escucha, la paciencia, la capacidad de autocuidado y una adecuada formación específica.

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